viernes, 23 de junio de 2017

El más querido (una catástrofe navideña)

escrita y dirigida por Denise Despeyroux.
Producción: Carne viva
con Carmela Lloret, Sara Torres y Joan Carles Suau.
 
23 de junio de 2017. Centro Niemeyer (Club), Avilés. 70’ aprox. Ciclo Off-Niemeyer.


El más querido es Claudio, el profesor de tenis de Teresa y Charito. En la primera clase les enseñó a jugar sin pelota y desde entonces las dos están locas por él. Especialmente Charito, que ha organizado una cena navideña que, tras la guerra de canciones y el momento de los regalos, acabará siendo catastrófica.

Carmela Lloret y Sara Torres vuelven al off del Niemeyer para encarnar a estas deliciosas embobadas que son Teresa y Charito. Y están magníficas. Igual que cuando las vimos en esa  hilarante maravilla (también de la casa Despeyroux) que es Por un infierno con fronteras. Hoy las acompaña Joan Carles Suau, el actor que interpretó aquel personaje magnético y al borde del abismo en la estupenda Norway Today. Los tres también estaban en Carne viva, esa maravilla de sincronía en tres espacios que disfrutamos en La casa de la Portera hace tres años. En esta obra ellas no pueden dejar de mirarlo y, aunque nosotros tampoco podemos quitarle ojo a este actor de expresividad cautivadora, también apreciamos en los gestos de las dos lo mucho que el estupendo texto esboza y ellas van precisando sobre el carácter de sus personajes. El más querido es otro fascinante sistema planetario del universo Despeyroux. Aquí Claudio es el Sol desquiciado en torno al cual orbitan esas dos amigas que casi dejarán de serlo por él. Al principio la historia parece ligera pero, a partir de la evocación tenística, va adquiriendo una intensidad que hace que la violación carnal y ficticia que busca Charito al organizar esa cena, acabe siendo afectiva y casi real cuando termina. Por suerte, Denise Despeyroux ha venido a Avilés para acompañar esta noche a estos magníficos actores que expresan a la perfección las fuerzas gravitacionales de su singular universo creativo. Así que hemos podido felicitarla de nuevo (ella recordaba hoy en La Voz de Avilés nuestro aprecio cuando nos acercamos a saludarla en la Sala de la Princesa el año pasado) y decirle que esta magnífica realidad que es el off del Niemeyer será siempre su casa. Igual que lo fue aquella noche de hace casi cuatro años en que lo inauguró con La realidad. Vuelve muchas veces Denise. En Avilés tienes un público al que le encanta tu teatro.

viernes, 16 de junio de 2017

Oleanna

de David Mamet. Dirección: Luis Luque.
Producción: Jesús Cimarro y Xavier Aguirre
con Fernando Guillén Cuervo y Natalia Sánchez

16 de junio de 2017. Teatro Palacio Valdés, Avilés, 80’. Estreno absoluto.

Carol habla con su profesor en el despacho. De su suspenso y de su dificultad para entender lo que le enseña. El profesor parece bastante seguro. De su posición y de la necesidad de desmitificar la educación universitaria. Luego Carol lo denuncia. Y los dos entenderán de otra forma su poder.

Oleanna no es un alegato contra la corrección política ni una defensa de la autoridad de los docentes. Una parte del público quizá lo haya interpretado así y por eso sintoniza con la obra. Pero lo bueno del texto (y de la forma en que Luis Luque lo ha entendido) es que está siempre en el filo de la navaja. En ese frágil equilibrio entre las posturas de unos contendientes que por momentos se muestran muy fuertes o muy desvalidos. Mamet se atreve a enfrentarse a temas como la educación o la desigualdad de género que son campos minados llenos de tópicos, prejuicios y letanías. Pero nada de eso hay en Oleanna. Ni en el texto, ni en la forma en que Luis Luque ha sabido componer una obra muy equilibrada en la que llama la atención lo bien que se entienden Fernando Guillén Cuervo y Natalia Sánchez en las magníficas disputas de sus personajes. El progresivo empoderamiento de la joven (simbolizado por las capas que va añadiendo a su vestuario y por su progresiva cercanía a esa mesa cuyo lugar en el escenario marca las tres escenas de la obra) es paralelo a la pérdida de seguridad de ese profesor que comienza impecable y termina desmadejado. La compasión del espectador también se va desplazando desde esa chica que al principio no entiende lo que le pasa hasta ese profesor que al final tampoco entenderá por qué lo han declarado culpable de acosarla. Digo compasión porque la razón se le puede dar a la vez a los dos protagonistas de este duelo en tres tiempos. Mamet escribe (y Luis Luque dirige) muy atinadamente contra los prejuicios. Contra los que se dan en temas tan controvertidos como estos y contra los que afectan a la manera en que contemplamos lo que ocurre en el escenario. Texto potente, interpretaciones magníficas y una dirección muy acertada. ¿Qué más se puede pedir en un estreno?


viernes, 9 de junio de 2017

En la orilla

de Rafael Chirbes. Adaptación: Ángel Solo y Adolfo Fernández. Dirección: Adolfo Fernández.
una coproducción del Centro Dramático Nacional, K Producciones, La Pavana/Diputación de Valencia y Emilia Yagüe Producciones.

con Ángel Solo, Sonia Almarcha, Marcial Álvarez, César Sarachu, Rafael Calatayud, Yoima Valdés y Adolfo Fernández.

9 de junio de 2017. Centro Niemeyer, Avilés. 100’ aprox.

España y su pasado. El lugar y el tiempo en que forjaron su poder los que hicieron crecer la burbuja que ahora ahoga a Esteban y a su padre nonagenario. Los dos volverán al marjal.  Para terminar de una vez con todo.

Era muy difícil llevar al escenario la trama y la textura de la novela de Chirbes. La trama está bien sintetizada y no defrauda. Pero la textura es existencial y no es fácil recrearla mientras se cuenta una historia que es coral y singular a la vez. Unas estructuras de madera polivalentes se van convirtiendo de forma impecable en todos los espacios de ese mundo deprimente. Al fondo unas imágenes perfectas hacen que el marjal se parezca unas veces a los nenúfares de Monet y otras se convierta en territorio cinegético. O que nos sintamos en los garitos de los machos valencianos o esa vieja carpintería de una familia honrada. Las interpretaciones son ajustadas e impecables. Nada hay que reprochar, por tanto, a una obra que seguramente impresionará a quienes no hayan leído la novela por esta reconocible fauna de depredadores y carroñeros que nunca han abandonado su lugar de privilegio en nuestro ecosistema social y político. Pero la novela de Chirbes es mucho más que una denuncia de aquellos tiempos putrefactos. Son palabras mayores de nuestra literatura que apenas pueden ser recreadas en poco más de hora y media.

viernes, 2 de junio de 2017

Después del ensayo

de Ingmar Bergman. Versión: Joaquín Hinojosa. Dirección: Juan José Afonso.
Iraya Producciones

con Emilio Gutiérrez Caba, Carmen Conesa y Rocío Peláez.

2 de junio de 2017. Teatro Palacio Valdés, Avilés. 75 aprox. Estreno absoluto

El director suele quedarse solo en el escenario después del ensayo. A veces viene a verlo alguna actriz. Como esa joven de la que se podría enamorar. O el recuerdo de aquella otra con la que compartió mucho más que el amor por el teatro.

El teatro dentro del teatro. Las relaciones entre intérpretes y directores. También con los críticos. Son temas que han dado mucho juego últimamente en el cine más teatral (ahí están las extraordinarias La venus de las pieles de Roman Polanski o Birdman de Alejandro González Iñárritu) y en el teatro más reflexivo (El crítico de Juan Mayorga o Yo Feuerbach de Tankred Dorst). Pero lo que proponía Ingmar Bergman en esta obra no está a ese nivel. Sus reflexiones sobre el amor y el teatro me interesan mucho menos. Su alter ego en Después del ensayo parece antiguo, como el propio espacio escénico que oportunamente lo acompaña en esta obra. Su visión del teatro (la del personaje y la del propio Bergman) aporta poco y la del amor parece propia de una masculinidad pretérita. Sin embargo, no hay nada que objetar a los tres intérpretes. Emilio Gutiérrez Caba está impecable en modo director y no sale malparado del reto que supone su diferencia de edad con Rocío Peláez. Ella está también muy bien en un papel que es mucho más que una réplica al de ese gran actor. Solo lamento que Carmen Conesa no tenga más presencia en la obra (estuvo estupenda en Las amistades peligrosas y vuelve a estar muy bien aquí). La puesta en escena es siempre oportuna (y muy acertada esa gradación cromática en el vertuario de los tres personajes). Me ha gustado mucho la escena de las maletas con el diálogo entre esos amantes que podrían llegar a serlo. Para mi es lo mejor de la obra. Pero, aunque esté en el texto de Bergman, perjudican esa duda que siembra el personaje de Carmen Conesa sobre la paternidad de la joven. Afecta a la tercera parte de la obra en la que no vendría a cuento la sospecha sobre una posible relación incestuosa. El espectador debe descartarla, pero para ello ha de olvidar lo que ha oído.  El estreno ha sido merecidamente aplaudido. Por el buen hacer de quienes saludaron desde el escenario, no por la oportunidad de rescatar un texto que confirma, una vez más, que las mejores propuestas teatrales no son necesariamente las que vienen del pasado.

viernes, 26 de mayo de 2017

Tristana

de Benito Pérez Galdós. Versión: Eduardo Galán. Dirección: Alberto Castrillo Ferrer.
co-producen: Secuencia 3, Som Produce, Pedro Hermosilla Managment y Cow Events Group

con Olivia Molina, María Pujalte, Pere Ponce y Alejandro Arestegui.

26 de mayo de 2017. Teatro Palacio Valdés, Avilés. 95’ aprox.

Tras la muerte de sus padres, Don Lope tutela a Tristana. Y la hace suya. Así, cuando ella se enamora del joven Horacio, el viejo hidalgo teme perder a su criatura. Pero la enfermedad le ayudará a conservar su más preciado tesoro y aunque, coja, Tristana seguirá siendo suya.

El amor asimétrico y posesivo de un tutor maduro hacia su protegida era el punto de partida de Panorama desde el puente,  la obra que, protagomizada por Eduard Fernández, vimos en enero en Gijón. El mismo tema es el motivo de la novela de Galdós que, tras la lamentable distorsión que de la historia hizo Buñuel en su película, vemos ahora adaptada al teatro. Si la inmigración podía ser la excusa para la pretendida actualidad de la obra de Arthur Miller, la emancipación femenina podría ser la justificación para llevar ahora a las tablas la historia de Galdós. De hecho, ese es uno de los subrayados más importantes en la versión del texto que nos presenta Eduardo Galán. En todo caso, y al margen de los valores literarios de la novela (entre ellos las cartas de los amantes cuya traslación escénica no resulta nada fácil), creo que el interés de la historia de Tristana no justifica ahora una versión teatral. Dicho esto, debo reconocer que el texto está muy bien adaptado, que la puesta en escena es más que eficaz (especialmente esos diálogos bilaterales entre Tristana y sus dos amantes intercalados en la casa y el estudio del pintor) y que las interpretaciones de los actores son impecables. Olivia Molina encarna a la perfección los matices de la evolución de su personaje, Pere Ponce clava y da empaque a un personaje para el que quizá pudieran faltarle algunos años. María Pujalte está muy solvente en ese papel de dignísima regidora doméstica y Alejandro Arestegui resuelve bien el personaje menos lucido, ese joven enamorado que se queda en nada ante el drama de Tristana y ante la fuerza de Don Lope. Así que, aunque lamento haberme perdido esta tarde la última película de Matías Piñeiro que se proyectaba en Gijón, no puedo reprochar nada a esta Tristana. Seguramente era innecesaria, pero ha sido muy correcta.

viernes, 19 de mayo de 2017

La mentira

de Florian Zeller. Versión: David Serrano. Dirección: Claudio Tolcachir.
producción: Carlos Larrañaga-Nicolas Belmonte-Olvido Orovio
con Carlos Hipólito, Natalia Millán, Armando del Río y Mapi Sagaseta.

19 de mayo de 2017. Teatro Palacio Valdés, Avilés. 85’ aprox.

Un matrimonio espera a otro para cenar. Ella no quiere que vengan porque acaba de ver al marido de su amiga besando a otra mujer en la calle y prefiere no tener que mentir. Luego veremos que las dos parejas tienen bastante que ocultar.

Florian Zeller había compuesto un texto conmovedor y lleno de matices en El padre. Nada que ver con La mentira. Aquí todo es lineal y previsible. Los diálogos son tan convencionales que parece que estamos viendo a unos actores solventes haciendo como que hacen una obra convencional (y un puntito divertida) sobre parejas convencionales. Ese tipo de obras que, ya desde los carteles, se dirigen a esas parejas que buscan en el teatro una excusa para quedar a cenar. Lo peor es que quien dirige La mentira es nada menos que Claudio Tolcachir, ese genio que creó en Buenos Aires un lugar tan extraordinario como Timbre 4 y al que debemos obras memorables. Así que el título de esta no solo sirve para estos personajes. También describe lo que nos han ofrecido esta noche teatreros tan buenos como Carlos Hipólito, Claudio Tolcachir y Florian Zeller. Es mentira que debamos esperar esto de ellos.

sábado, 13 de mayo de 2017

Emilia

dramaturgia y dirección: Anna Costa. Texto: Noelia Adánez
Producciones del Barrio
con Pilar Gómez.


13 de mayo de 2017. Centro Niemeyer (Club), Avilés. 55’ aprox. Ciclo Off-Niemeyer.


Emilia Pardo Bazán va a la Academia. Y dice lo que piensa de muchos de sus miembros. Se lo dice a los que la quieren mal. Y también a alguno que la quiere bien.

Interesante monólogo sobre esta heroína de las letras españolas para el que Pilar Gómez solo cuenta con una silla en la que no se sienta y un público al que su personaje se dirige como si fueramos los académicos. A veces también habla con su marido y nos muestra la relación con sus hijos. Se expresa con brío y con retranca. Y también con ternura cuando a quien se dirige es a su querido Benito. Sin embargo, el acento gallego no le sale muy bien a Pilar Gómez y no le hace ningún bien al personaje. Acentúa los guiños que hacen sonreir al público y eso puede hacer que, como en aquel tiempo, no se tome del todo en serio lo que dice esta mujer poderosa y singular. En este sentido, valorando el esfuerzo que supone haber sabido combinar la frescura del monólogo con el respeto a los textos de la escritora, uno lamenta que este homenaje a Emilia Pardo Bazán no resulte tan emocionante como el que se hizo a María Moliner en aquella obra magnífica que fue El diccionario. Es verdad que los medios y los destinos de las dos producciones no son comparables. Pero sí los méritos de aquellas mujeres que, por fortuna, nuestro teatro ha empezado a reivindicar.

sábado, 22 de abril de 2017

Blackbird

de David Harrower. Dirección: Carlota Ferrer.
una coproducción de El Pavón Teatro Kamikaze, XXXIV Festival de Otoño a Primavera y Calle Cruzada.
con Irene Escolar y José Luis Torrijo.
 
22 de abril de 2017. El Pavón Teatro Kamikaze, Madrid. 90’ aprox.


Una vuelve a ver a Ray. El encuentro tiene lugar en un cuarto sórdido del lugar donde él trabaja. Hace muchos años que no se ven. Después de la cárcel, él ha conseguido rehacer su vida. Ella no. Una sigue atormentada por aquella relación que tuvieron cuando ella tenía doce años y él cuarenta.

Un duelo intenso y matizado. Lleno de reproches y confesiones sobre una pasión lejana que destrozó esas dos vidas. La de la niña que se enamoró de un adulto y la del adulto que no quiso evitarlo. Harrower tiene el valor de no juzgar en un tema en el que sobran los prejuicios. Por eso Blackbird es tan valiosa. Porque matiza. Porque da que pensar. Porque detalla los grises de un drama que sería muy fácil (y estúpido) mostrar en blanco y negro. En eso Blackbird tiene bastante que ver con Sed, la estupenda obra de Alejandro Butrón Ibáñez dirigida por César Barló que Sauce Ena y Mariano Rochman estrenaron en el off del Niemeyer en octubre pasado. Aquí son Irene Escolar y José Luis Torrijo los que están soberbios en este intenso duelo en el que, apenas bajando a esa ciudad de casitas en la parte inferior del escenario, consiguen que casi veamos lo que sucedió aquella tarde que dejó maltrechas para siempre las vidas de sus personajes. A la gran calidad de sus trabajos (en el teatro y también en el cine) Irene Escolar ya me tiene acostumbrado. Pero José Luis Torrijo no solo le da la réplica. Con notable complicidad, los dos construyen sólidamente unos personajes cuyo mayor interés es precisamente que siguen siendo vulnerables. Aquí no hay un mero ajuste de cuentas. Ni entre los dos personajes. Ni entre cada uno de ellos y su pasado. Ni tampoco entre el espectador y los malvados. Porque Blackbird no trata del bien y del mal. Sino de lo que pasa cuando un amor prohibido se coloca entre ellos.

viernes, 21 de abril de 2017

La edad de la ira

de Fernando J. López. Dirección: José Luis Arellano García.
producción: La Joven Compañía.
con Javier Ariano, Alejandro Chaparro, Jesús Lavi, Rosa Martí, Laura Montesinos, María Romero, Alex Villazán y Jorge Yumar.

21 de abril de 2017. Centro Cultural Conde Duque, Avilés. 100’ aprox.


Matando al padre (y a un hermano) Marcos se ha destrozado la vida. Sus relaciones en el instituto, las tensiones y presiones que sufre en esa edad difícil y el agobio de un padre del que solo recibe desprecios explican la tragedia que contemplamos. La del hecho que se nos muestra al inicio y la de las circunstancias que vamos conociendo después. 

Tras ver el miércoles en el Palacio Valdés Punk Rock vemos ahora en Madrid esta otra obra que La Joven Compañía acaba de estrenar hace solo unos días. La puesta en escena es agil y oportuna, los actores están a la altura de las atormentadas vidas adolescentes que interpretan y, a diferencia de los de Punk Rock, los personajes, al ser españoles, me resultan más cercanos. De sus agobios, los que mejor comprendo son los escolares. Los de un instituto en el que domina la disciplina de las disciplinas y los partes. En ese contexto encuentro sobradas causas para algunas de sus rebeliones. Pero, en conjunto, La edad de la ira parece defender un imaginario sobre la adolescencia que conecta más con tópicos adultos añejos que con realidades actuales. Tener grandes pasiones, ansias de libertad y muchas ganas de realizarse, pero sufrir la constante (re)presión de unos adultos que ni toleran ni entienden lo que significa ser joven, creo que refleja una idea de la adolescencia que tiene más que ver con James Dean y los años cincuenta que con lo que realmente les pasa hoy a mis alumnos. Claro que los imaginarios atormentados son siempre atractivos. Especialmente cuando lo que muestra este aparente espejo son jóvenes airados y rebeldes con causa.

miércoles, 19 de abril de 2017

Punk Rock

de Simon Stephens. Versión: José Luis Collado. Dirección: José Luis Arellano García. Dirección el gira: Álvaro Lavín.
producción: La Joven Compañía.
con Victor de la Fuente, Cristina Gallego, Ana Escriu Juan Frendsa, Jota Haya, Katia Borlado, Fernando Sainz de la Maza y Tana Payno.

19 de abril de 2017. Teatro Palacio Valdés, Avilés. 100’ aprox.


Siete adolescentes en el último curso antes de ir a la universidad. Una chica acaba de llegar a ese instituto. Un chico se enamora de ella. Alguno es maltratado. Alguna también. Otro es un déspota que no tiene clara su sexualidad. Y hay también algún subalterno. La presión cotidiana acaba estallando cuando el enamorado desquicia. Y su violencia parecerá estadounidense.

Sesión matinal de teatro escolar. Hoy hemos llevado a más de doscientos alumnos de quince y dieciséis años al Palacio Valdés para ver esta obra sobre adolescentes británicos que parecen personajes de una tragedia clásica. Son arquetípicos. Quizá demasiado. Pero sus interacciones resultan intensas y creíbles. Es teatro de texto, no de resortes. Fresco y atrevido en lo que se dice y también en los gestos. Pero con contenido denso y puesta en escena adulta. De hecho, es apto para un público serio como esta mañana lo ha sido el de nuestros alumnos. Durante más de hora y media no quitaron ojo a lo que pasaba en el escenario (y a lo que les decían los actores en el animado coloquio posterior). Muchos era la primera vez que veían una obra de teatro. Y seguramente la recordarán. No porque hable de ellos, sino porque habla de cosas que importan. Como suele pasar en el teatro. En el buen teatro. Ojalá que programar para el público jóven se convierta en una costumbre regular en nuestros teatros (¿una vez al mes? ¿una vez al trimestre?, ¡qué menos!). Y que las obras no tengan que ser necesariamente clásicas. Ni edificantes. Ni en inglés. Lo importante es que cautiven a ese público del futuro. Y que sean buen teatro. Eso es lo que cuenta.