sábado, 9 de diciembre de 2017

L´Heure Fugitive

Dirección: Thomas Richards.
una producción del Workcenter of Jerzy Grotowski
con Cécile Richards.

9 de diciembre de 2017. Teatre Akadèmia, Barcelona. 55’ aprox.
(francés sobretitulado).


Una mujer nos habla en francés mientras una luna crece y mengua tras ella. Solo hay una mesa, una silla, una botella de vino y una copa en el escenario. Es todo lo que necesita para afrontar esta hora en la que no dejará de hablarnos de cosas trascendentes relacionadas con la femenidad. Con ironía o sin ella, a  veces también echa mano de frases de escritores franceses. O de una voz afinada con la que además de contarnos cosas también nos las canta.

Dicho en francés parece que tiene más fuerza, pero el soliloquio de esta mujer que no calla tiene escaso interés. Tampoco la puesta en escena tiene más hallazgos que esa luna que seguramente pretende ser metáfora cíclica de la condición femenina. Con aires experimentales setenteros y un valor teatral bastante limitado me temo que las propuestas de Thomas Richards no serán lo más interesante que se haya visto en este Teatre Akadèmia que parece tan intimo y grato pero que a nosotros nos ha resultado poco propicio estos días. Con esta obra son ya doscientas las que he reseñado en este blog. Pero queda bastante lejos de las muchas que aquí he elogiado en estos cuatro años.

viernes, 8 de diciembre de 2017

Claudia

creación: Claudia Victoria Poblete Hlaczik, Carles Fernández Giua, Eugenio Szwarcer. Dirección: Carles Fernández Giua.
una producción de La Conquesta del Pol Sud
con Claudia Victoria Poblete Hlaczik, Carles Fernández Giua, Eugenio Szwarcer.


8 de diciembre de 2017. Teatre Nacional de Catalunya, Barcelona. 85’ aprox.

Claudia era antes Mercedes y ahora nos cuenta cómo recuperó su identidad. Cuando tenía ocho meses sus padres fueron torturados y desaparecidos en aquel tiempo terrible en que los militares asesinaron a miles de argentinos y entregaron a cientos de bebés a familias afines dispuestas a apropiárselos. Su testimonio es especialmente importante porque el suyo fue el primer caso de reencuentro familiar.

Claudia nos sorprende por el valor de lo que cuenta y por su valor al contarlo. Y también porque, no siéndolo, parece una magnifica actriz que nos cautiva con este documento teatralizado tan singular. En el escenario la acompañan Carles Fernández Giua y Eugenio Szwarcer que, además de aportar leves contrapuntos muy eficaces para que el relato vaya fluyendo, han hecho un magnífico trabajo escénico y han ordenado con ella este testimonio emotivo y sobrecogedor. La impresión que nos deja Claudia no es el de una áspera denuncia, sino el de un relato humano de gran intensidad y valor. Hay densidad ética y compromiso historico en este testimonio que merecía ser contado con la radicalidad propia de la primera persona. Es, por tanto, una propuesta teatral sobresaliente en la que, si Claudia lo fuera, habría que destacar el trabajo de la gran actriz que la protagoniza. Pero aquí el personaje es la propia persona, una mujer  honesta y generosa que comparte con nosotros una experiencia teatralmente impecable y humanamente ejemplar.

jueves, 7 de diciembre de 2017

Sin fronteras

dirección: Thomas Richards.
una creación colectiva del Workcenter Studio in Residence 
con Alonso Abarzúa, Gine Gutiérrez, Juan David Salazar, Felipe Salazar, María Solarte, Javier Cárcel Hidalgo-Saavedra y Lynda Mebtouche.

7 de diciembre de 2017. Teatre Akadèmia, Barcelona. 90’ aprox
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Tras el terremoto de Chile de 2010 unos cooperantes entretienen de distintas formas a los niños damnificados. Entre ellas con el terrible relato de las cosas que le pasaron hace mucho tiempo a una mujer.

Siete actores para unas ocurrencias presentadas como creación colectiva. No se sostienen ni el extraño comienzo actual ni la evocación historicista de esas maldades que tienen aires de drama barroco con querencias indigenistas y feministas. Es un trabajo coral que parece proceder de un taller muy dinámico en el que nadie ha pensado que la iluminación o el sonido tienen cierta importancia en el teatro. Eso sí, venga o no a cuento, se saca mucho provecho a las dotes de uno de los actores para los cantos reiterados (que parecen hebraicos)  y a la habilidad de los demás para recitar letanías más o menos improvisadas. Así que ha sido una lástima que en un lugar tan propicio para el teatro íntimo como este hayamos coincidido con esta obra y no con la de la semana que viene. Esa en la que, según nos anticipó en el encuentro del Palacio Valdés, estará Mario Gas.

martes, 5 de diciembre de 2017

Diálogos desde la escena: José Carlos Plaza y Lola Herrera

presentador-moderador: Alberto Piquero.
El Teatro en España en los últimos 25 años.
1992-2017: 25 años de la reapertura del Teatro Palacio Valdés.

5 de diciembre de 2017. Teatro Palacio Valdés, Avilés. 82’ aprox.

sábado, 2 de diciembre de 2017

Himmelweg (camino del cielo)

de Juan Mayorga. Dirección: Raimon Molins.
una producción de Atrium Produccions
con Patricia Mendoza, Raimon Molins y Guillem Gefaell.

2 de diciembre de 2017. Centro Niemeyer (Club), Avilés. 95’ aprox. Ciclo Off-Niemeyer
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Una delegada de la Cruz Roja visita un campo de judíos. El oficial nazi que lo dirige la recibe con cortesía. También el alcalde de una comunidad que parece modélica. Con niños que juegan a la peonza, parejas que cortejan y un viejo reloj que siempre marca las seis, la hora en que llegan los trenes que ella no ve.

Sutilezas programáticas. Así destaqué en una conferencia que di con motivo de los 25 años de la recuperación del teatro Palacio Valdés algunas de las virtudes del teatro que podemos ver en esta ciudad. Esas sutilezas, a las que en Avilés ya estamos acostumbrados, son las que permiten que ayer estuviéramos en el Gueto de Varsovia con El cartógrafo y hoy, sin salir del mundo teatral de Mayorga ni de los espacios escénicos del Niemeyer, visitemos el campo de Theresienstadt. Como sucede en buena parte de su obra, Himmelweg no trata solo de lo que trata. También es una reflexion sobre el teatro y sobre sus complejas relaciones especulares con la realidad. De hecho, no acabamos de saber si la impostura cultural de ese oficial nazi o la corresponsabilidad del lider de la comunidad judia y de la informante internacional correspondían a la ingenuidad propia de la banalidad del mal o fueron simulacros deliberados en un mundo en el que la realidad superaba cualquier pesadilla imaginable. Lo cierto es que lo que Mayorga nos presenta (sobre el mismo espacio que visitó hace unos años Claude Lanzmann en ese documento cinematográfico imprescindible que es El último de los injustos) es una reflexión sobrecogedora sobre el mal más radical convertido en simulacro doble: el que ahora se representa para nosotros y el que representaron entonces  aquellos tristes actores que solo aspiraban a sobrevivir a cada función. Habiendo leído el texto, me resulta extraño que sea una mujer con maneras tan contemporáneas la que haga de informante de la Cruz Roja. Pero luego entiendo que la apuesta por reducir al máximo los intérpretes dando un protagonismo poético perfecto a esas marionetas tan bien animadas hace lógico que sea Patricia Mendoza la que asuma (y lo hace muy bien) ese papel. Por lo demás, los tres están magníficos, aunque hay que destacar especialmente el esfuerzo de Raimon Molins en un papel intensísimo (es casi un monólogo) y en la dirección de una obra que consigue sacar el mejor partido a un texto en el que Mayorga demuestra que una misma historia se puede repetir a la vez como tragedia y como farsa.

viernes, 1 de diciembre de 2017

El cartógrafo

texto y dirección: Juan Mayorga
producción: Avance Producciones Teatrales, Entrecajas Producciones Teatrales y García-Pérez Producciones.
con Blanca Portillo y José Luis García-Pérez.

1 de diciembre de 2017. Centro Niemeyer, Avilés. 120’ aprox.

La mujer de un funcionario español en la embajada en Varsonia se obsesiona con el Gueto. Con las viejas fotografías de unas gentes que sonríen desde lugares que no es capaz de encontrar. Y con la historia de una niña y un anciano que dieron forma de mapa a la memoria de aquel territorio. 

El teatro es el arte de destilar el tiempo y el espacio. De construir y reconstruir relaciones con sus habitantes. Por eso no es extraño que los escenarios parezcan siempre cartografías. Juan Mayorga sabe mucho de eso. De lo difícil que es mostar varios tiempos en un solo espacio o utilizar el tiempo para acercar los espacios. Por eso es un cartógrafo excepcional. Lo es cuando explora nuevos territorios con sus textos y lo es también cuando, como en La lengua en pedazos, en Reikiavik o en esta obra, dispone él mismo sus mapas sobre el escenario. Los de El Cartógrafo tienen la escala perfecta. La de solo dos actores para cuatro personajes en dos tiempos (o dos actores para doce personajes en seis tiempos). En ningún lugar como en este resultará tan pertinente ese rojo radical de la cartografía escenográfica que Blanca Portillo y José Luis García-Pérez van trazando de manera extraordinaria. Los dos saltan de unos personajes a otros sin imposturas. Haciéndonos bien reconocibles esas topologías humanas en tiempos diversos con un trabajo actoral máximo a partir de recursos mínimos: la mujer inconsolable que no puede dejar de mirar al pasado, la niña que juega y aprende mientras hace mapas para el futuro, el funcionario de la embajada que se niega a salir de su presente, el anciano que desde el Gueto lucha contra el olvido del suyo. El cartógrafo es otra obra mayor de Mayorga (¿cuántas van ya?). Una obra para grandísimos actores (por eso la interpretan Blanca Portillo y José Luis García-Pérez) que nos habla de los mapas y de la memoria. De esos mapas con los que se construye una historia que, como dice el anciano cartógrafo, se define siempre negando otra. Y de esa memoria del sufrimiento cuyo territorio es siempre a la misma escala. La escala del cuerpo humano que habita un espacio y un tiempo.

lunes, 20 de noviembre de 2017

Diálogos desde la escena: Carlos Hipólito y Ana Jelin

presentador-moderador: Chema Caso.
El Teatro en España en los últimos 25 años.
1992-2017: 25 años de la reapertura del Teatro Palacio Valdés.

20 de noviembre de 2017. Teatro Palacio Valdés, Avilés. 71’ aprox.

sábado, 18 de noviembre de 2017

La danza de la muerte

de August Strindberg. Adaptación y dirección: Margarita Mladenova
producción: Theatre Laboratory Sfumato.
con Svetlana Yancheva, Vladimir Penev y Tsvetan Alexiev.

18 de noviembre de 2017. Centro Niemeyer, Avilés. 90’ aprox. Estreno en España. (bulgaro sobretitulado)

Edgar y Alice llevan veinticinco años casados y veinticinco años odiándose. Abandonados por todos tienen todo el tiempo del mundo para desear que la muerte los separe. La visita de Kurt les confirma que su matrimonio ya está habitando en ella.

Tras la gratísima noche del martes, cerramos en el Niemeyer esta semana teatral con un estreno internacional sorprendente. En un escenario negro con muebles también negros un hombre y una mujer hablan asperamente. Su diálogo es frontal. Así que, sentados en una cama, los vemos como esas fotografías añejas en las que los matrimonios tristes nos miran desde el pasado. El texto es el de Strindberg, con toda su amargura, pero dicho en búlgaro y sobretitulado. Los diálogos entre el hombre y la mujer (también los que tienen con el tercero) mantendrán esa extraña frontalidad en buena parte de la obra, así que no hay asideros para anclar la interacción de unos personajes que Margarita Mladenova nos quiere presentar destilados. Es teatro sfumato (la compañía no pudo elegir mejor nombre), no apto para todos los públicos, que lo fía todo a la expresividad del instante y al dramatismo del texto. Así que la historia es un contrapunto perfecto de la reinterpretación que de este Strindberg hizo Carles Harillo Magnet en Los buitres, aquel off que se representó hace año y medio en el foyer superior de este mismo espacio. Aunque fascinado por este teatro tan distinto, uno siente (y lamenta) que se está perdiendo algo de la amarga musicalidad que seguramente tendrán las palabras en esa lengua extraña. Pero en la expresividad de los gestos y en esas discusiones letánicas se percibe la fuerza de un teatro deshidratado que transmite toda la intensidad de los dramas strindbergianos que, en formatos algo más amables, me resultaron tan fascinantes en las recreaciones más recientes de La señorita Julia (la de la película de Liv Ullmann y la de El ojo de la aguja de Estefanía Córtés en La pensión de las Pulgas). Así que son muy bienvenidas este tipo de propuestas singulares que entran en España por el Centro Niemeyer.

martes, 14 de noviembre de 2017

Diálogos desde la escena: Mario Gas y José María Pou

presentador-moderador: Mariano Martín Gordillo.
El Teatro en España en los últimos 25 años.
1992-2017: 25 años de la reapertura del Teatro Palacio Valdés.

14 de noviembre de 2017. Teatro Palacio Valdés, Avilés. 96’ aprox.

viernes, 10 de noviembre de 2017

Tebas Land

de Sergio Blanco. Dirigido por: Natalia Menéndez.
una coproducción de Compañía Salvador Collado y El Pavón Teatro Kamikaze con la Colaboración de la Comunidad de Madrid
con Israel Elejalde y Pablo Espinosa.

10 de noviembre de 2017. Teatro Palacio Valdés, Avilés. 105’ aprox. Estreno absoluto.

Un dramaturgo quiere hacer una obra en torno al parricidio. Su primera idea es que la protagonice Martín, un recluso que ha sido condenado por ese delito. Los dos tienen varios encuentros entre las rejas de una cancha de baloncesto. Sin embargo, las autoridades de la cárcel no permitirán que Martín salga para ir al teatro. Así que también veremos los encuentros con el actor que interpretará su papel.

Al entrar vemos un opresivo enrejado en el escenario y tras él una proyección en la que se nos ve mientras ocupamos nuestras butacas. De esa manera especular nos recibe esta tierra de Tebas que ha convertido el escenario en patio de prisión y sala de ensayos. La calidad del texto es evidente desde ese comienzo magnífico en el que nos damos cuenta de que no solo asistiremos a una historia teatral, sino también al propio proceso de construcción tentativa de un texto que, teniendo a Sófocles, a Dostoievski y a Freud como inspiradores, también tendrá algo de parricidio confeso. Tebas Land nos permite asistir al tránsito entre la catarsis dialogada de ese parricida real y el trabajo de un actor que se prepara para conmover al público. La obra tiene múltiples capas y subtextos pero todas son accesibles porque Sergio Blanco y Natalia Menéndez han conseguido lo más difícil: hacer un teatro profundo pero apto para muchos públicos. Y es que, con ese magnífico texto y esa impecable dirección (el espacio escénico es perfecto y las transiciones no lo parecen) quieren que Tebas Land nos hable no solo de una tragedia intemporal que remite a pulsiones existenciales, sino también del propio teatro, de su proceso creativo, de la forma en que se gestan las historias y las decisiones que las construyen. Y lo consiguen huyendo a la vez de los subrayados obvios y de las sutilezas excesivas. Para ello cuentan con interpretaciones tan impecables y compenetradas como  las que nos han ofrecido esta noche Israel Elejalde y Pablo Espinosa. De Israel Elejalde ya solo espero lo mejor, así que, mes y medio después de verlo en el papel de otro director en Ensayo, vuelvo a disfrutar con su contenida interpretación de este que, con ideas claras y ademanes dubitativos, interroga y orienta con el mismo tacto al parricida que le fascina y al actor que le sirve de mediador y contrapunto. A pesar de su juventud Pablo Espinosa está a su altura encarnando a ese otro ser escindido entre dos realidades (la de una cárcel y la de un teatro) que ha sabido desdoblar espléndidamente en este estreno que para él es doble porque hoy debuta en el teatro. Así que ha sido otra noche memorable en esta temporada de otoño en la que ya llevamos cuatro estrenos en este queridísimo teatro de cuya resurrección se cumplirán el próximo martes veinticinco años. Será un día muy especial en el que hablaremos de teatro con esos gigantes de la escena que son Mario Gas y Josep María Pou en el primero de los cuatro Diálogos desde la escena que tendremos aquí, en el Palacio Valdes.

sábado, 4 de noviembre de 2017

La autora de Las Meninas

Autor y dirección: Ernesto Caballero.
una coproducción de Focus y Centro Dramático Nacional
con Carmen Machi, Mirela Aixalá y Francisco Reyes

4 de noviembre de 2017. Teatro Jovellanos, Gijón. 100’ aprox.

En 2037 se ha desintegrado Europa y en España gobierna el populismo. Al país le va muy mal así que los nuevos gobernantes han decidido obtener recursos vendiendo el patrimonio artístico. También Las Meninas, de las que una monja mediática hará una copia para sustituirla en el Prado. Pero a la monja le dan raptos de locura vanguardista y la copia quizá no salga como se espera.

Casi un monólogo de Carmen Machi contrapunteado por Mireia Aixalá  como directora boba del Museo del Prado y Francisco Reyes como vigilante nocturno que desquicia la libido y el criterio estético de la monja copista. Carmen Machi la encarna con solvencia en clave de farsa y eso hace reír mucho al público. Quizá porque reconoce registros cómicos propios de sus papeles televisivos o quizá porque comparte la intención burlesca de la obra hacia las vanguardias estéticas y políticas. La autora de Las Meninas contiene un retablo de tópicos populares (y otros no tanto) sobre el arte contemporáneo. Lo de retablo es literal porque los tres intérpretes están acompañados por tres grandes pantallas-cuadro que nos van ilustrando sobre el contraste entre la reconocible belleza de Las Meninas y las locuras artísticas del siglo XX (desde Kandinski hasta Abramovic). El discurso es obvio y viene a reforzar la familiaridad del muchos con lo que se expone en las salas más concurridas del Prado y el rechazo que les generan las propuestas que se exhiben en el Reina Sofía. Eso sí, evitando prudentemente cualquier mofa hacia la pintura contemporánea española, ya que citar a Foucault o a Benjamin puede dar pátina ilustrada y crítica a la obra, pero meterse con Picasso ya sería demasiado. Así que, entre las risas incontenibles del público ante todos los resortes que se han dispuesto para provocarla y la parsimonia con que avanzan los diálogos entre la monja y la directora y se van sucediendo sus raptos de locura, yo no dejo de mirar el reloj esperando que todo acabe y pueda volver pronto a 2017.

viernes, 3 de noviembre de 2017

Barbados, etcétera

texto y dirección: Pablo Remón.
una producción de La_Abducción y El Pavón Teatro Kamikaze
con Fernanda Orazi y Emilio Tomé.
 
3 de noviembre de 2017. Centro Niemeyer (Club), Avilés. 60’ aprox. Ciclo Off-Niemeyer.


Un hombre y una mujer entran en el escenario. Primero nos miran. Luego empiezan a hablar. No está claro que sean personajes. Intercalándose, cortándose y repitiéndose van construyendo historias a dos voces. Primero la del tapicero enamorado. Quizá de la mujer que habla o quizá de la mujer de la que los dos hablan. La letanía del tapicero acaba siendo tan cautivadora como la música de Philip Glass. Luego van creando otra historia. La de una niña que se inicia en las fantasías sexuales con la música de Europe. Oyendo The final countdown imagina que se va a Venus con Joey Tempest y que, solos en el Universo, lo fundan de nuevo. La tercera historia es la de una pareja típica que se declara en Ikea y después rompe en una noche de lluvia. O que piensa en cómo recordará ese momento cuando haya pasado mucho tiempo. En las tres historias se habla alguna vez de Barbados. El resto podría ser un etcétera que parece improvisado.

Cotidianidad poética, humor sutil, evocación existencial. De todo eso había ya mucho en La abducción de Luis Guzmán, la otra obra de Pablo Remón que vimos aquí hace tres años. Ahora volvemos a sentirnos cautivados por esta pareja que en el cartel no tiene rostro y que en el escenario no tiene un perfil claro. Podría ser una pareja que (se) imagina o dos actores que simplemente buscan historias. El relato es a la vez tentativo y nítido. Ellos narran lo que les pasa (o les podría pasar) a esas parejas posibles y nosotros las imáginamos con muchísima precisión. Porque esos seres y esas vidas están hechas con el material más sensible. El de las experiencias compartibles por una generación que ya ha llegado a la edad media de la vida. Es un texto sorprendente porque, siendo a la vez divertido, poético e hiperrealista, se convierte en una triple experiencia escénica cautivadora con esta pareja de actores absolutamente compenetrados. A Fernanda Orazi la acabamos de ver abriendo con una fuerza impresionante el extraordinario Ensayo de Pascal Rambert. Mucho antes inauguró este espacio escénico de la mejor manera imaginable con aquel increíble monólogo a dos voces que era La realidad de Denise Despeyroux. Aquí está magnífica en ese tono demorado e irónico en el que se la ve disfrutar (y hacernos disfrutar) con cada palabra que dice. Y a su lado está Emilio Tomé, al que ya vimos protagonizando La abducción de Luis Guzmán y que está también perfecto en este contrapunto masculino al que nos interesa tanto mirar cuando habla como cuando con sus gestos contenidos añade relieve a lo que ella dice. Así que salimos encantados con estas interpretaciones sutiles y portentosas. Y pensando en esa tortuga que, a falta del amor, parece sostener el mundo en la cosmología de esta pareja. Una tortuga ontológica muy grande y muy seria, pero también muy pequeñita y muy divertida que parece observarlo todo desde una esquina del escenario. A la salida tenemos claras dos cosas: que queremos ver en Avilés todo lo que haga Pablo Remón y que Fernanda Orazi y Emilio Tomé siempre serán bienvenidos aquí.


viernes, 13 de octubre de 2017

3 hermanas

de Antón Chéjov. Adaptación y dirección: Raúl Tejón.
producción: Mano a Mano
con Ana Fernández, Raquel Pérez, Marina San José, Fernando albizu, Emilio Baule, Carles Francino, David González, Sabrina Praga, Chema Trujillo y Antonio Vico.

13 de octubre de 2017. Teatro Palacio Valdés, Avilés. 125’ aprox. Estreno absoluto.

Olga, Masha e Irina sueñan con volver a vivir en Moscú. Ya ha pasado un año desde la muerte de su padre y la vida va pasando tristemente para las tres. También para Andrés, el hermano casado con una mujer con la que ellas no congenian. La presencia de unos soldados en el pueblo aporta novedades a unas vidas que seguirán siendo muy conscientes de su deriva cuando ellos se vayan.

Trabajo, familia, futuro, cultura, amor, filosofía, sueños, angustia, tiempo... Chéjov. 3 hermanas habla de cómo pasa la vida. La de esa familia con tres mujeres tristes y la de un país que intuye un futuro en el que todo cambiará para que todo siga igual. Son diez personajes que se mueven como espectros en un espacio oscuro bajo quince bombillas cálidas. Casi siempre están todos en el escenario. A veces de espaldas. Con protagonismos intermitentes en una puesta en escena que acertadamente renuncia a cualquier ambientación que ancle en un tiempo o un espacio esta historia rusa tan intemporal. 3 hermanas está a un paso del teatro del absurdo y a medio de un singular existencialismo costumbrista. Ese es el tono de una obra que Raúl Tejón ha sabido actualizar levemente en el texto y más radicalmente en una puesta en escena muy sobria pero muy acertada. Ana Fernández, Raquel Pérez y Marina San José están muy bien en los papeles de esas hermanas que comparten desesperanza. Junto a ellas destaca especialmente Sabrina Praga encarnando (en argentino) a esa cuñada que primero es despreciada y luego se convierte en lideresa de ese hogar emocionalmente desvencijado. También están muy conjuntados los otros seis actores que aportan el contrapunto masculino en este universo femenino y desolado. Son tres hermanas con vidas extrañadas por motivos bien diferentes a los de aquellas dos hermanas, también dolientes, que conocimos en otro estupendo estreno hace solo una semana (sutilezas de una programación teatral que siempre nos depara sorpresas muy gratas). Un texto tan poco amable como el de Chéjov y una escenografía tan poco efectista como la de Raúl Tejón han sido, sin embargo, muy bien recibidos por un público que ha  aplaudido cálidamente en esta noche de estreno. Me alegro de que haya sido así.

sábado, 7 de octubre de 2017

Hermanas

de Leticia Sánchez Ruiz. Puesta en escena: El Callejón del Gato.
producción: El Callejón del Gato
con Ana Eva Guerra y Borja Roces.

7 de octubre de 2017. Teatro Palacio Valdés, Avilés. 60’ aprox. Ciclo "Hecho en Asturias". Estreno absoluto.

El 18 de julio de 1936 la hermana menor iba a estrenar un vestido amarillo para la fiesta. Pero no la hubo. La hermana mayor nos lo cuenta. También todo lo que tuvo que pasar desde entonces y lo fácil que fue siempre la vida para la otra. Al final, también escucharemos su relato. Y entenderemos por qué siempre que recuerda la guerra comienza hablando de aquel vestido amarillo.

La presencia y gestualidad de Ana Eva Guerra es rotunda e impecable. Con el naturalismo justo para encarnar con fidelidad el verbo y los ademanes de ese tipo de mujerona rural, consigue no caer en el efectismo costumbrista que podría haber convertido en caricatura los rasgos de ese personaje tan simple como carismático. De hecho, siendo una historia asturiana, la obra se podría representar en cualquier lugar de España y el público reconocería a esa mujer como alguien bien cercano. El texto está magníficamente estructurado con esos dos momentos asimétricos que hacen que el relato de la hermana  mayor quede magníficamente cerrado con el torrencial y catártico discurso-réplica del final. Bien escrito y con una dosificación perfecta de la información, Hermanas me hace pensar en otro texto teatral tan impresionante y conmovedor sobre el mismo tema como Los niños perdidos de Laila Ripoll. Aunque realmente es un monólogo en el que Ana Eva Guerra demuestra un dominio total del gesto y la palabra, también hay que resaltar la presencia de un Borja Roces silente en el papel de ese curioso contrapunto masculino que, en cierto modo, me ha recordado también la estupenda puesta en escena de Sensible que, en este mismo escenario, interpretaron Kiti Mánver y Chevi Muraday hace un par de semanas. Así que ha sido una noche muy grata la de este estreno que demuestra, una vez más, buena la salud, la tenacidad y la calidad del teatro que se hace aquí.