viernes, 4 de diciembre de 2015

Nada que perder

Dramaturgia: QY Bazo, Juanma Romero y Javier G. Yagüe. Dirección: Javier G. Yagüe.
Producción: Cuarta Pared.
con Marina Herranz, Javier Pérez-Acebrón, Pedro Ángel Roca.

 
4 de diciembre de 2015. Sala Cuarta Pared, Madrid. 100’ aprox.

12 de noviembre de 2016. Centro Niemeyer (Club), Avilés. 100' aprox. Ciclo Off-Niemeyer 

Ocho confrontaciones bilaterales con un tercero que apostilla. Un padre profesor de filosofía y un hijo que ha provocado un incendio. Un policia inquisitivo y una funcionaria de malvada banalidad. Una hija que no entiende por qué el padre tolera a la madre corrupta. Una imputada a la que el abogado entrena para alargar su juicio. Un niño que sufre por la pesadilla de un desahucio que no comprende y del que su madre no lo puede defender. Un Quijote antimorosos al que su jefe instruye para perjudicar a alguien. Una madre ibérica que alecciona y encanalla a su hijo concejal. Un médico también corrompido que presiona al interventor que, por ser honrado, deberá elegir entre reconocerse loco o asesino.

"¿Hablarías con tu padre de filosofía?". Poco antes de empezar la función un hombre se ha acercado y me ha hecho esta pregunta. Él no sabe a qué me dedico y yo no sé que es el actor que pocos minutos después hará de profesor de filosofía en el primera de las escenas. Con un preámbulo así la obra solo podía ser memorable. Ayer la ponía por las nubes Javier Vallejo en El País y lo confirmamos esta noche en que volvemos a La Cuarta Pared en esta breve escapada a Madrid. Nada que perder puede parecer una obra centrada en realidades inmediatas (curiosamente estará en cartel hasta el día 19, la víspera de una fecha en la que, si el país se planteara las preguntas que contiene, muchas cosas cambiarían), pero la pertinencia de lo que se propone va mucho más allá de las coyunturas. Es un  texto mayor que fascina por la extraordinaria manera en que convierte en un puzzle perfecto el retablo de escenas que ya serían un trabajo mayúsculo aunque no tuvieran relación. Un texto en el que el tercero en discordia en cada escena aporta apostillas, subtextos o metatextos que, como fugas musicales, hacen que la serie de preguntas adquieran un relieve reflexivo pocas veces visto en un escenario. La puesta en escena es tan sencilla como poderosa (ideal para un extraordinario off en el Niemeyer) y a los pocos minutos ya ha llenado todo de la basura en que se mueven estos personajes. Son venticuatro seres magníficamente construidos por sus autores e interpretados en el límite de la transmutación por Marina Herranz, Javier Pérez-Acebrón y Pedro Ángel Roca, tres actores que tras un trabajo así solo merecen lo mejor. Nada que perder es una obra que nadie se debería perder. Y no hablo solo de los que nos gusta el teatro.