domingo, 13 de agosto de 2017

Marco Aurelio

de Agustín Muñoz Sanz. Dirección: Eugenio Amaya.
una coproducción de Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida y Teatrapo Producciones.
con Vicente Cuesta, José Vicente Moirón, Gabriel Moreno, Cándido Gómez, María Lama, Roberto Calle, Fermín Núñez, Cristina Rosa y Juan Carlos Guajardo.

13 de agosto de 2017. Ruinas de Cáparra. 63º Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida, Cáparra. 110’ aprox.

Los últimos días de aquel buen emperador que también era filósofo. Vemos sus padecimientos por la enfermedad y la ayuda que le presta su médico Galeno. También vemos su inquietud por el futuro del imperio y el consuelo de verse acompañado por su esclavo Crispino. Y asistimos a sus reflexiones sobre la brevedad de la vida y sobre lo que realmente importa.

Tercera noche de teatro bajo las estrellas a la vera de este arco. La última del magnífico estreno de esta nueva extensión del festival de Mérida. Vicente Cuesta está rotundo en este personaje reflexivo y sobre todo doliente (extraordinaria su interpretación  del sufrimiento del anciano asmático). También está impecable José Vicente Moirón en el papel de Cómodo, ese hijo que apunta las peores maneras para asumir la herencia del emperador. El trabajo de este actor es aún más estimable dos días después de haber encarnado en este mismo escenario al impresionante Edipo por el que fue nominado en los premios Max. También es muy bueno ese coro convertido en cuerpo de danza que se encarga de separar las escenas con atractivas coreografías. Sin embargo, este Marco Aurelio no me acaba de convencer. Pretende ser teatro filosófico sobre un gran personaje histórico, pero matiza poco su estoicismo presentándolo, más bien, de manera maniquea. Que él era muy bueno y su hijo muy malo ya lo sabemos, pero falta profundidad y detalle en el análisis y originialidad en la propuesta. Los parlamentos pretendidamente filosóficos resultan algo obvios y a veces redundantes. Así que creo que Agustín Muñoz Sanz no ha conseguido que su texto tenga la suficiente fuerza e interés para hacer del personaje de aquel emperador alguien tan cautivador como su antepasado Adriano. Pero quizá sea yo el que esperaba demasiado. Teniendo en mente las memorias que Marguerite Yourcenar escribió sobre aquel otro emperador y el memorable Calígula de Albert Camus que acaba de estrenar Mario Gas en Mérida, seguramente creía que la magia de este lugar nos haría asistir a un nuevo espectáculo de esa altura. En todo caso, han sido tres noches extraordinarias las que hemos vivido desde el viernes en estas piedras de Cáparra que ya han quedado bautizadas para el teatro. Esperamos volver a disfrutar en ellas el próximo verano.

sábado, 12 de agosto de 2017

Los pelópidas

de Jorge Llopis, versión de Florián Recio. Dirección: Esteve Ferrer.
una coproducción de Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida y Suripanta Teatro.
con Eva Gómez, Simón Ferrero, Eulalia Donoso, Ana García, Paca Valerdiez, Juan Carlos Tirado, Pedro Rodríguez y Jesús Martín Rafael.

12 de agosto de 2017. Ruinas de Cáparra. 63º Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida, Cáparra. 95’ aprox.

Los pelópidas tienen muchos problemas y le piden ayuda a Phideos, un chisgarabís casado con Elektra. Ella era la esposa del rey Ántrax que, al modo de Ulises, salió de viaje y no ha vuelto. Ahora él regresa y se encuentra con este panorama.

Volvemos a Cáparra y otra vez los tebanos le piden cuentas al rey. Esta noche en clave de farsa. Así que, tras la emotiva tragedia de ayer, hoy Cáparra se estrena como escenario de comedias con una muy irónica y muy extremeña. Yo, que no soy de risa fácil, me temo lo peor. Sobre todo, tras La comedia de las mentiras que vimos la semana pasada en Mérida. Pero no. El texto de Jorge Llopis, en versión actualizada (que no traicionada) por Florián Recio, engancha desde el comienzo con un uso del lenguaje que produce ironías rimadas a un ritmo trepidante. Y no es teatro de resortes. De ese en el que uno ya sabe cómo va a terminar la escena y hasta cada frase. Los Pelópidas es un juego alegre que tiene en los referentes clásicos y en el hablar de esta tierra las bases para conseguir que esta hora y media resulte sumamente grata. Y junto a un buen texto y una buena puesta en escena (magníficas esas trampillas de las que emergen los personajes) los actores están también estupendos. Todos están magníficos pero Ana García sorprende especialmente con ese personaje alegremente distraído de Menestra al que ha dado el punto justo para convertirlo en el mejor contrapunto de todos los demás. Así que los de Suripanta han triunfado en Cáparra. Con su homenaje desprejuiciado al teatro clásico han conseguido que este lugar que ayer se estrenaba para la gran tragedia hoy lo haga para la buena comedia. La que es tan pertinente, magnífica y radical como esta.

viernes, 11 de agosto de 2017

Edipo rey

de Sófocles. Dirección: Denis Rafter.
una coproducción de Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida y Teatro del Noctámbulo.
con José Vicente Moirón, Memé Tabares, Gabriel Moreno, Javier Magariño, Juan Carlos Castillejo. Camilo Maqueda, Jesús Manchón, Francisco Quirós, Pedro Luis López, Javier Herrera, Ana Jiménez, Ana Márquez, Laura Ferrera, Pilar Brinquete, Vera Avellano y Nuria Mordillo.

11 de agosto de 2017. Ruinas de Cáparra. 63º Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida, Cáparra. 105’ aprox.

La tragedia de Tebas será la de Edipo. Porque se ha comprometido con los dioses a conocer la verdad y a cumplir su voluntad. Así llegará a saber que ya lo ha hecho. Que intentando escapar a las profecías, sus padres y él las han cumplido todas.

Primera noche de Perseidas en Cáparra. Seguramente hace muchos siglos que este arco no las contempla acompañado por tanta gente. Hoy somos más de quinientos los que llenamos las graderías que han convertido estas ruinas en la cuarta sede del Festival de Mérida. Para llegar a ellas hemos recorrido un hermoso itinerario. Primero bajando de nuestras montañas para llegar entre dos luces a esta hermosa y solitaria dehesa en la que hubo una ciudad romana. Luego disfrutando de ese paseo levemente iluminado que nos ha hecho encontrarnos de frente con el arco, pasar bajo él como si fuera el mejor vestíbulo teatral en esta noche estrellada y finalmente tenerlo como fondo del escenario. Allí ocupa un lugar similar al de esas calles en perspectiva que un continuador de Palladio diseñó para Vicenza en el primero de los teatros en que el cielo está pintado. El ambiente es el de un estreno extraordinario en esta especie de off septentrional del festival de Mérida situado en un emplazamiento tan abierto como recoleto. Y para que en estas piedras antiguas resuenen palabras clásicas nada mejor que las del Edipo de Sófocles en la contenida y hermosa versión del Teatro del Noctámbulo. José Vicente Moirón está perfecto en dicción y presencia encarnando al más trágico de los reyes. La puesta en escena es sencilla y consigue integrarse y sacarle mucho partido a este singular espacio. Por lo demás, hoy la noche ha sido más que propicia porque si al comienzo de la obra las estrellas fugaces parecían festejar el regreso a la vida de esta ciudad bimilenaria, hacia la media noche la luna ha asomado por las montañas que nos separan del Jerte coincidiendo su luz con el desvelamiento de las verdades por las que Edipo queda ciego. Así que los cielos han querido acompañarnos en esta noche mágica en que este lugar ha vuelto a ser un hito, ahora de rutas tan cruciales como las de nuestra memoria literaria. Mañana y pasado volveremos. Y ojalá que estas noches de Perseidas con luna tardía y menguante sean las primeras de muchas en las que podamos disfrutar de buen teatro a la vera de este arco.

miércoles, 9 de agosto de 2017

La comedia de las mentiras

de Pep Anton Gómez y Sergi Pompermayer a partir de textos de Plauto. Dirección: Pep Anton Gómez.
una coproducción de Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida, Mixtolobo y Pentación Espectáculos.
con Pepón Nieto, Paco Tous, Canco Rodríguez, Angy Fernández, Raúl Jiménez, Marta Guerras y María Barranco.

9 de agosto de 2017. Teatro Romano. 63º Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida. 135’ aprox. Estreno absoluto.

Calidoro es el esclavo que intenta resolver con mentiras las cuitas amorosas de todos. Las de su ama Cántara que se encapricha de un joven tan panoli como Tíndaro. Las de la impulsiva Hipólita que se quiere casar con él. Las de Leónidas, locamente enamorado de Gimnasia, una flautista casquivana que quiere abrir en Olimpia un lupanar.

Noche de estreno con llenazo completo de las 2.750 localidades dispuestas en este teatro romano. Tras la magnífica Calígula que vimos aquí el mes pasado, volvemos a Mérida para ver La comedia de las mentiras, un vodevil que no lo disimula y que pretende estar vagamente inspirado en las historias de Plauto. El público de esta noche de estreno sabe a lo que viene, así que aplaude y reacciona con muchas risas ante los abundantes chascarrillos y referencias sicalípticas que contiene este espectáculo previsible y lleno de resortes. Las interpretaciones son las que cabe esperar de una comedia de enredos bobos como esta. Está bien Pepón Nieto en su obvio papel del esclavo Calidoro, también Angy Fernández en el de la burbujeante Hipólita y Marta Guerras en el de la provocativa Gimnasia. María Barranco está menos bien ya que define peor su personaje y a veces cuesta un poco entender lo que dice.  Por lo demás, la ambientación es sesentera con apenas unos sofás y unas butacas en un espacio cuadrado y convencionalmente soso que parece pensado para que los actores se olviden de que tienen que defender una cosa como esta en un espacio tan imponente como este. En todo caso, la experiencia de ver el teatro tan lleno y participativo desde la fila 19 de la cavea lateral ha merecido la pena. Y será facilmente superada en las próximas noches en que esperamos ver cosas mejores. Por ejemplo, mañana mismo en Béjar con Las furias de Miguel del Arco en la XXI Semana de Cine Español. O las tres obras que del viernes al domingo veremos en Cáparra que por primera vez se estrena como cuarta sede de este festival.

viernes, 4 de agosto de 2017

El florido pensil. Niñas

de Andrés Sopeña Monsalve. Dirección: Fernando Bernués y Mireia Gabilondo.
producción: Tanttaka Teatroa.
con Loli Astoreka, Gurutze Beitia, Teresa Calo, Elena Irureta e Itziar Lazkano.

4 de agosto de 2017. Centro Niemeyer, Avilés. 95’ aprox.

La sección femenina del florido pensil. Con cinco niñas vascas evocamos otra vez la escuela franquista. Sus letanías y su casposa intransigencia. Cosas que ahora parece que hacen reír.

Efectivamente. El público maduro se ríe mucho. Por las gracietas de las impecables actrices y también seguramente por lo que la memoria hace en algunos con los tiempos pretéritos. Ya han pasado casi veinte años de la versión masculina de una obra que se estrenó cuando habían pasado poco más de veinte del final del franquismo. Entonces me pareció catártica. Ahora me parece añeja y algo impertinente. En un país que sigue teniendo tantas huellas del franquismo en su escuela (la religión evaluable, la financiación de la escuela privada), en su calendario (festividades como la Inmaculada), en los nombres de sus calles y hasta en sus cunetas, no me parece saludable recuperarlo como fuente de recuerdos hilarantes. Aquello fue muy serio y no imagino a los alemanes riéndose tan ingenuamente de lo que les pasó. Por lo demás, además del fondo, la forma también es cuestionable. Las actrices están impecables y el ritmo es trepidante, pero no hay realmente un desarrollo en una obra que es más bien una sucesión de momentos efectivos pero intercambiables. 

viernes, 14 de julio de 2017

Calígula

de Albert Camus. Dramaturgia y dirección: Mario Gas.
una coproducción de Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida, Teatre Romea i Grec 2017 Festival de Barcelona.
con Pablo Derqui, Borja Espinosa, Mónica López, Bernat Quintana, Xavier Ripoll, Pep Ferrer, Pep Molina, Anabel Moreno y Ricardo Moya.

14 de julio de 2017. Teatro Romano. 63º Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida. 110’ aprox.

Calígula ha desaparecido. Hace tres días que Drusila, su hermana y amante, ha muerto y todos creen que esa es la razón por la que el joven emperador se ha ido. Pero cuando Calígula regresa lo niega y hace jurar a Cesonia que le ayudará en todas sus acciones. Esas que, tres años después, ejecutará de forma despiada y pretendidamente lógica.

Aunque quiera tener la Luna y hacer real lo imposible, el Calígula de Albert Camus no es un lunático. Su personaje no es un enajenado, al contrario, está ensimismado por el poder. "Nada" es la palabra que todos pronuncian al comienzo de la obra. Y "todavía estoy vivo" lo que él grita al final. Así que el aliento existencialista de este impresionante texto es también un intento por llevar hasta el límite el cogito cartesiano y hacerlo en la forma más radical posible. La que solo podría intentar alguien que tuviera un poder absoluto. Un emperador que pretendiera explorar hasta dónde puede llevar el ejercicio de una política carente de cualquier prurito moral, ni siquiera el de preservar el poder. La lógica del Calígula de Camus consiste en realizar la de los demás. Llevar hasta el extremo sus argumentos sin reparar en las consecuencias. Usar el poder para hacer que exista, si no lo imposible, sí lo impensable. Y conseguirlo negando los diferencias entre lo deseable y lo indeseable. La forma de ejercer el poder del Calícula de Camus es, en suma, la de una acción lógica sin impedimentos axiológicos, la de un nihilismo radicalmente coherente. Cuando fue escrito este texto no era solo un ejercicio teatral o filosófico sobre un lejano emperador desquiciado. Era también una reflexión intemporal inspirada en la forma en que se estaba ejerciendo el poder en la Europa de 1944. Así que la obra de esta noche en Mérida cuenta con un texto más que notable. Y Mario Gas lo ha respetado tanto que no ha querido vestir de romanos a sus personajes ni mimetizarlos en el espacio de este teatro bimilenario. Los ha caracterizado como para una ópera de las de ahora, con trajes neutros y maneras atemporales para que sean las palabras y la acciones las que tengan todo el protagonismo. Entre el escenario y la orchestra ha dispuesto una inmensa superficie inclinada (me ha recordado a la que vimos hace solo dos semanas en Inconsolable, el magnífico monólogo de Javier Gomá), un espacio minimalista para sacar el mayor partido a lo mucho que ofrece el texto. Todos los actores están afinadísimos, pero destaca especialmente Pablo Derqui que aporta a este Calígula el punto justo entre el joven desquiciado y el hombre perturbado por las obsesiones existenciales que nos propone Camus. La dirección es impecable, tanto en los pasajes más dialogados del texto como en momentos tan complejos y dionisiacos como los del comienzo del tercer acto en que el emperador se traviste de una Venus que es casi LGTB aquí. Así que este Calígula ha sido una experiencia memorable en Mérida. Aunque imagino que con esta escenografía también funcionará muy bien en teatros cerrados. Eso sí, con un texto tan magnífico como el de Albert Camus, creo que aún es más evidente eso que siempre defiendo: que el buen teatro se disfruta mucho más si uno lo ha leído antes.