viernes, 20 de abril de 2018

Ilusiones

de Ivan Viripaev. Dirigido por Miguel del Arco.
una producción de Kamikaze Producciones.
con Marta Etura, Daniel Grao, Alejandro Jato y Verónica Ronda.

20 de abril de 2018. Teatro Palacio Valdés, Avilés. 100’ aprox. Estreno absoluto.

Dani y Sandra. Alberto y Margarita. Dos parejas que compartieron amistad durante más de cincuenta años y que en el tramo final de sus vidas buscaron la verdad sobre la naturaleza del amor. Si necesita ser correspondido para ser perfecto. Si puede llegar a serlo...

Nunca vemos a los personajes. Dos actores y dos actrices nos hablan de ellos y nos muestran retazos de sus vidas. También sus ideas sobre el amor. El texto tiene un equilibrio magnífico entre la reflexión accesible y la evocación existencial, entre la recreación de instantes que devienen en hitos y las miradas postreras sobre la vida y el amor. Pero, con ser muy bueno, lo mejor de Ilusiones no es el texto sino lo que con él han conseguido Miguel del Arco y estos cuatro actores extraordinarios. Uno de los personajes descubre en un instante que el mundo quizá no sea sólido sino blando. Y eso es precisamente lo que muestran estas Ilusiones teatrales que exploran las grietas entre el actor y el personaje, entre el personaje y el coro, entre la escena y el escenario. Son grietas deliciosas que nos van mostrando que en el teatro pueden romperse los pactos consabidos sin hacerle ningún daño. Al contrario, haciendo que aún sea más revelador. Desde que entramos en el patio de butacas ya vemos grietas en la cuarta pared. Desde el escenario dos hombres y dos mujeres nos saludan cariñosos. No sabemos si lo hacen los actores o los personajes. Y así será también después. No hay reparto interpretativo en el elenco. Los personajes se construyen de forma difusa aunque haya largos monólogos en los que escuchamos la voz interior de un personaje masculino en las palabras de una actriz o al revés. Pero no hay solo un intercambio de papeles sino una construcción coral de los personajes con apostillas perfectas que parecen (o hasta podrían) ser  improvisadas. Si fuera jazz, Ilusiones sería una jam session. Y gracias a Miguel del Arco creo que en cierto modo lo es. Siempre se dice que cada función es distinta para los actores, pero creo que pocas veces podrá ser tan cierto como en esta obra. No sé qué podría esperar de su texto Ivan Viripaev, pero estoy seguro que nunca más que este prodigio de teatro líquido pero a la vez nítido, medido pero a la vez improvisado, reflexivo pero a la vez juguetón. Un teatro que ablanda las convenciones y nos ha permitido contemplar desde su final las vidas de Dani, Sandra, Alberto y Margarita sin que Marta, Daniel, Alejandro y Verónica se las hayan repartido desde el principio. Miguel del Arco ha abierto las grietas y nos ha invitado a mirar por ellas, a disfrutar de una variante desconocida de este dispositivo mágico y blando que es el teatro que nos permite contemplar ilusiones sobre la vida y dar vida a las ilusiones. Eso de lo que habla la canción de Los Chichos que se escucha al final. Así que, una vez más, hemos asistido a un estreno memorable que dará mucho que hablar cuando llegue al Kamikaze. Al salir uno piensa en lo afortunados que somos pudiendo disfrutar de esta complicidad perfecta  entre nuestro Palacio Valdés y esa joya que los madrileños tienen en la calle Embajadores.

sábado, 14 de abril de 2018

Un beso

de Iván Cotroneo. Dirección: Fernando Bernués.
una producción de Tanttaka Teatroa.
con Mireia Gabilondo, Ander Iruretagoiena y Haritz Morrás.

14 de abril de 2018. Centro Niemeyer (Club), Avilés. 55’ aprox. Ciclo Off-Niemeyer
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Dos adolescentes y una profesora. Lorenzo es homosexual y acaba de ser adoptado. Antonio y sobre todo sus padres no han podido superar la muerte de su hermano. La profesora tenía debilidad por una alumna que lo dejó todo cuando quedó embarazada. Los tres nos hablan de lo que les pasó. Del amor que la profesora no llegó a confesar a la alumna. Del beso que Lorenzo sí le dio a Antonio. Y de lo que él hizo al día siguiente en el aula. 

Tres monólogos intercalados. El dispositivo es correcto pero demasiado recurrente. Desde el principio sabemos que la cosa acabará en drama, así que importa más la forma en que se tejen los tres hilos narrativos que sus consecuencias. Sin embargo, la historia está saturada de temas de moda e intenciones evidentes: los problemas de la adolescencia y la familia, la homofobia, el maltrato de género... Así que los tributos LGTB han dominado sobre la calidad teatral. Es lo que pasa cuando lo que importa de una propuesta es su contenido temático. La obra se inserta en el festival de cine  LGTBIQ que comienza este fin de semana. No sé si su programación ganará mucho con esta intersección con la de teatro. El que no gana nada es el off del Niemeyer.

viernes, 6 de abril de 2018

Mi defecto o arrancaré flores al desierto

autoría y dirección: Borja Roces.
producción: El Encuentro Teatro
con Borja Roces.

6 de abril de 2018. Teatro Palacio Valdés, Avilés. 55’ aprox. Ciclo "Hecho en Asturias".

Un joven homosexual y asturiano nos cuenta sus sentimientos. A veces como si fuera su madre la que le hablara a él. O como si un actor estuviera siguiendo, más o menos, las indicaciones de un director.

Soliloquios narcisistas. Y exhibicionistas. Ser homosexual, asturiano y joven no es suficiente para hacer buen teatro. Tampoco basta con querer contar cosas sobre uno mismo. Para eso hay lugares mejores que un escenario. Y también para rajar seis sacos de tierra y extender una buena polvareda desde él. Además de querer tanto al personaje, esa madre quizá debió decirle que esas cosas no se hacen. Por suerte, la obra fue corta y pudimos llegar a tiempo al estupendo concierto del gran Jorge Pardo y Armando Orbón en la sala Santa Cecilia. Sin duda, fue lo mejor de la noche.

miércoles, 4 de abril de 2018

Malditos 16

de Nando López. Dirección: Quino Falero.
producción: Centro Dramático Nacional y Coart+e.
con Guillermo de los Santos, Andrea Dueso, Juan de Vera, Paula Muñoz, David Tortosa y Rocío Vidal.

4 de abril de 2018. Teatro Cervantes, Málaga. 75’ aprox.

Cuatro jóvenes de veintitantos vuelven al hospital en el que se conocieron cuando intentaron suicidarse a los dieciséis. Será un intenso reencuentro en el que repasarán cómo eran entonces y cómo son ahora.

Lo mejor son los desdoblamientos de estos jóvenes actores en esas dos edades. Lo peor, los personajes de la médica y del ayudante. Las referencias a los recortes en la sanidad pública resulta obvia y manida. Lo mismo podría decirse del propio tema de la obra. Con un acercamiento bastante tópico a los problemas juveniles, no se entiende el empeño por poner en el centro de ellos la cuestión del suicidio. Espero que no se le ocurra a nadie que Malditos 16 podría ser una obra muy edificante y educativa. Si se trata de llenar teatros con adolescentes, al menos hacerlo con buenas obras que traten temas menos delicados. Lo segundo quizá no lo cumplen las últimas de La joven compañía, pero no hay duda de que lo primero sí. Por eso son tan distintas a esta. De cualquier modo, ha merecido la pena conocer este bonito teatro aprovechando estos días en Málaga.


martes, 27 de marzo de 2018

Lluvia

guión y dirección: Markeliñe.
una producción de Markeliñe.
con Fernando Barado,
 Nerea Martínez, Itziar Fragua.

27 de marzo de 2018. Teatro Palacio Valdés, Avilés. 60’ aprox.

Lágrimas, lluvia, paraguas. Ensoñaciones mudas sobre el duelo de un hombre que ha perdido a su mujer.

Lluvia es poesía visual sobre lo inconsolable. El tema es el mismo que el del texto de Javiér Gomá sobre el que Ernesto Caballero dirigió a Fernando Cayo en un monólogo memorable. Pero aquí no hay palabras. Solo gestos sensibles, objetos amigables, proyecciones pertinentes y músicas deliciosas. Y tres actores magníficos que saben hacer de sus cuerpos los signos perfectos para un lenguaje hermosísimo que ha conseguido cautivar a los doscientos alumnos de primero y segundo de ESO que, en el Día Mundial del Teatro, hemos traído esta mañana al Palacio Valdés. Hace dos semanas traíamos a otros trescientos algo mayores para ver La edad de la ira de La Joven Compañía. Ninguna de las dos obras es eso que algunos llaman teatro escolar. Son más bien muestras del buen teatro que se puede hacer con palabras o sin ellas. Ese tipo de teatro que, igual que a los adultos, también fascina a los más jóvenes. Porque trata temas muy próximos o muy universales y los trata bien. Transmitiendo esa emoción y contagiando esa pasión de la que los actores dieron buenas muestras en el escenario y también en las respuestas a las preguntas que nuestros adolescentes les hicieron después.  Lluvia mereció el año pasado el premio al mejor espectáculo en FETEN. Y merecería también que la vieran los padres y los abuelos de nuestros alumnos. También sus profesores (hoy éramos quince) y, por supuesto, los críticos que escriben reseñas en los periódicos. Porque el teatro apto para todos los públicos es el que emociona, el que fascina y el que da que pensar. Lluvia es ese tipo de teatro. Por eso no es teatro escolar. 


domingo, 25 de marzo de 2018

Brickman Brando Bubble Boom

idea original: Àlex Serrano y Pau Palacios.
una producción de Festival TNT y Agrupación Señor Serrano

con Diego Anido, Alex Serrano, Pau Palacios y Jordi Soler.
 
25 de marzo de 2018. Teatro Campoamor, Oviedo. 65’ aprox.


Vidas paralelas. Las de John Brickman y Marlon Brando. La de un constructor inglés que inventó las hipotecas y la del gran actor americano que quiso hacer de una isla su hogar. Cuatro intérpretes polivalentes nos las van presentando mientras levantan una casa de poliuretano en la que se proyectan imágenes que ellos mismos van filmando en el escenario. 

Se cierra esta cuarta edición de la Semana del Audiovisual Contemporáneo de Oviedo con este espectáculo mestizo entre lo escénico y lo audiovisual que juega con las biografías de Marlon Brando y de un tal John Brickman. La hibridación entre esos dos personajes es muy acertada y el uso de recursos propios de la construcción pret a porter es más que atinada. También esas burbujas que de cuando en cuando caen para recordarnos la naturaleza de lo que ha pasado. Pero para mi este espectáculo llega tarde. Primero, porque el tema de las hipotecas y la especulación inmobiliaria ya no resulta tan novedoso como seguramente lo fue hace seis años cuando se estrenó. Y segundo, porque el dispositivo no es muy diferente al de aquella joya llamada El agitador vórtex que también vino al Campoamor con motivo de la tercera edición de SACO. En aquella obra inclasificable Cristina Blanco hizo maravillas ella solita en este mismo teatro. Por eso, aunque el trabajo de los cuatro miembros de la Agrupación Señor Serrano ha sido estupendo esta noche y seguramente habrá encantado a quienes hayan visto por primera vez propuestas fronterizas como esta, algunos no podemos olvidar a Cristina Blanco.

sábado, 17 de marzo de 2018

Gente estúpida

escrita y dirigida por Daniela Fejerman.
una producción de Vida inteligente producciones.
con Silvia Nieva, Antonio Serrano y Ángel Díaz de Rada.

17 de marzo de 2018. Centro Niemeyer (Club), Avilés. 95’ aprox. Ciclo Off-Niemeyer
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En una reunión de padres y madres una maestra desvela que uno de ellos se ha quedado con los setecientos euros que había en una cuenta para actividades de los niños. Un hermano y una hermana discuten en la sala de espera de un hospital sobre lo que deben hacer con su madre, justo antes de que ella decida irse a la costa. Una policia habla con un inglés para que se haga cargo de su hijo que acaba de sobrevivir al balconing. Una pareja que se había separado se reconcilia sabiendo que todo volverá a ser igual. Y un hombre que se ha estrellado con su coche contra una escultura en medio de una rotonda discute con la concejala que le ha embestido con el suyo. Cinco historias sobre gente estúpida sirven de ilustración de las cinco leyes de la estupidez humana que nos va explicando el profesor Ángel Díaz de Rada.

Esas cinco leyes las formuló el economista italiano Carlo María Cipolla que, en un pequeño ensayo satírico, distinguió cuatro tipos de seres humanos: inteligentes, incautos, malvados y estúpidos. Ángel Díaz de Rada nos las va explicando con la claridad y el estilo propio de un profesor universitario (él lo es en la UNED). Sin este divertido hilo conductor, las cinco historias que interpretan con solvencia y mucha gracia Silvia Nieva y Antonio Serrano serían como cinco piezas relativamente independientes sobre hombres y mujeres con relaciones poco envidiables. Pero ese relato a la universitaria manera las convierte en ilustraciones pertinentes para esa teoría hilarante que nos va desgranando este profesor con la seriedad y la claridad propia de quien se sabe seguro al mando del Power Point. Así que Gente estúpida es una comedia fragmentaria y a la vez muy coherente. Como tantas clases universitarias que no suelen tomarse a broma.

viernes, 9 de marzo de 2018

El tratamiento

texto y dirección: Pablo Remón.
una producción de La_Abducción y Buxman Producciones.
con Ana Alonso, Francesco Carril, Bárbara Lennie, Francisco Reyes y Emilio Tomé.

9 de marzo de 2018. Teatro Palacio Valdés, Avilés. 90’ aprox. Estreno absoluto.

Un guionista prepara un tratamiento para una historia sobre la guerra civil. Es profesor de guión y tiene que soportar que las historias alucinadas de alguno de sus alumnos acaben colándose en su película convirtiendo en alienígena al ejercito franquista. Una exnovia suya olvidó que había escrito un relato sobre una chica que quería recordar la magia de un instante perfecto. El guionista tenía un hermano que murió hace tiempo, pero quisiera tenerlo a su lado en el estreno de su película. También hay encuentros diversos con otras gentes del cine. Y hasta un conductor que le enseña al guionista que los seres queridos nunca están en los tanatorios.

Cotidianidad poética, humor sutil, evocación existencial. Así empezaba el comentario de Barbados, etcétera, la segunda obra de Pablo Remón que veíamos en el off del Niemeyer el pasado noviembre. Y creo que esa descripción le va bien a su teatro. Sus textos conjugan extraordinariamente la evocación generacional, el hiperrealismo de los lenguajes, la ternura poética, el humor más grato y un relieve reflexivo que hace protagonistas a sus personajes no solo de su vida en la ficción sino también de los subtextos y metatextos que los conectan con nosotros. La escritura de Pablo Remón es prodigiosa. Hace reir, pensar y emocionar casi en la misma frase. Viendo La abducción de Luis Guzmán quedé abducido para siempre con esos mundos extraños y entrañables que me resultan tan próximos. En Barbados, etcétera disfruté lo indecible con esa cosmología generacional y esa profundidad discursiva que logró que aún no esté seguro de si aquellas historias las vi en el escenario o existieron solo en mi cabeza. En El tratamiento Pablo Remón usa el gran angular y nos presenta en sala grande una panorámica sobre lo que significa crear ficciones y existir en, con, por y para ellas. Pablo Remón es, por tanto, uno de los autores más singulares de nuestro teatro actual, pero también es un director sutil y poderoso que en esta obra ha dispuesto una escenografía que deja ver todos los recursos que los personajes usarán en la maravillosa miscelánea de esta cortísima hora y media. Su manera de dirigir a los actores también resulta perfecta. Seguramente porque se intuye una complicidad extraordinaria no solo con Ana Alonso, Francisco Reyes y Eminio Tomé (los que hemos visto aquí en sus otras obras) sino también con Bárbara Lennie y Francesco Carril que forman con ellos un quinteto conjuntadísimo cuyo impresionante trabajo de esta noche uno quisiera, como el personaje del inicio, no olvidar nunca. Así que, aunque no he visto 40 años de paz (pero sí No sé decir adiós, la magnífica película de Lino Escalera cuyo guión también es de Pablo Remón), me siento muy afortunado por vivir en Avilés y haber podido ver tres obras de este gran autor. El estreno de El tratamiento ha sido memorable. La semana próxima llegará a Madrid por la puerta escénica más grande: la del Pavón Kamikaze. Estoy seguro de que allí también recibirá muy buenas críticas. Estaremos pendientes de ellas y de los próximos trabajos de Pablo Remón.

sábado, 3 de marzo de 2018

La cantante calva

de Eugène Ionesco. Versión: Natalia Menéndez. Dirección: Luis Luque
producción: Pentación espectáculos y Teatro Español.
con Adriana Ozores, Fernando Tejero, Joaquín Climent, Carmen Ruiz, Javier Pereira y Helena Lanza.

3 de marzo de 2018. Centro Niemeyer, Avilés. 80’ aprox.

El señor y la señora Smith reciben. El señor y la señora Martin llegan. Hay también una sirvienta. Y un bombero buscando incendios. Todo muy inglés. Muy cotidiano. Y muy absurdo.

En el programa de mano se recuerda que Ionesco quedó bastante extrañado con las risas del público durante el estreno. A mi también me han sorprendido algunas que ha habido esta noche. Al explorar los automatismos del lenguaje y los límites de los usos sociales Ionesco hacía de forense de lo cotidiano. Así que los diálogos espasmódicos y las logorreas sincopadas de los personajes de La cantante calva tienen algo de autopsia, de retrato descarnado (como los cuadros de Francis Bacon) del mundo cotidiano. En España Tip y Coll hacían algo de eso y daban mucha risa. Pero lo mejor de aquella pareja no era que hacían reír sino que hacían pensar. El extrañamiento al que Ionesco somete al lenguaje puede parecer chocante e, igual que ellos, mover a risa. Pero su principal intención es más bien decaparlo, retirar sus letanías y mostrar qué se oculta tras el encadenamiento de las palabras. En La cantante calva ese ejercicio es brillante, pero será mucho más intencionado en obras como El rey se muere y, sobre todo, en Rinoceronte. De esta última vimos hace tres años una versión magnífica de Ernesto Caballero en el María Guerrero. La de La cantante calva de Luis Luque es también memorable. La puesta en escena es impecable con un espacio tan bien definido por ese punto de fuga radical en la puerta lejana, esa bandera británica que hace de telón transparente y esa esfera ocular que puede convertirse en reloj o en la mismísima reina de Inglaterra que nos despide al final. También los seis actores han estado magníficos componiento ese entramado discursivo dislocado que les exige una gran complicidad para expresar de modo coral las incoherencias y metacoherencias de sus personajes. Así que el intenso aplauso del público que esta noche volvió a llenar el Niemeyer fue más que merecido.

Texto 

viernes, 2 de marzo de 2018

Como ceniza blanca sobre una hoguera

de Néstor Villazón. Dirección: Gemma de Luis.
producción: La Tejedora de Sueños
con Jorge Moreno, Félix Corcuera, Nacho Ortega, Mayra Fernández, Manu Lobo y Verónica Gutiérrez.

2 de marzo de 2018. Teatro Palacio Valdés, Avilés. 80’ aprox. Ciclo "Hecho en Asturias".

La inquisición, los Reyes Católicos y los judíos. Alguna posible conspiración y también algunas torturas. Un bufón locuaz y unos clérigos canallas. Todo en escenas sucesivas en lugares apropiados.

Las proyecciones, la iluminación y las interpretaciones son impecables. Pero la historia no me atrae. No entiendo el por qué del tema y el texto no consigue que lo que pasa en el escenario me interese más que por lo bien que los actores interpretan sus personajes múltiplicados y por lo bien que funcionan esos espacios proyectados que parecen tan reales.

sábado, 24 de febrero de 2018

Iphigenia en Vallecas

de Gary Owen. Dirigida por Antonio C. Guijosa. Adaptación: María Hervás.
una producción de María Hervás y Serena Producciones.
con María Hervás.

24 de febrero de 2018. Centro Niemeyer (Club), Avilés. 85’ aprox. Ciclo Off-Niemeyer
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Ifi es una choni de Vallecas. Sin oficio ni beneficio tiene una vida intensa entre borracheras y resacas. Pero también es una chica muy lúcida. Por eso nos habla de sacrificios. Del que hizo cuando renunció a destrozarle la vida a aquel hombre con el que podría no sentirse nunca más sola. O del que hizo por nosotros tras perder en una ambulancia la hija que esperaba.

Un monólogo arrebatador. Extremadamente meritorio en ese registro que María Hervás se impone al trasladar la historia de Gary Owen al personaje de esta Ifi vallecana. Y emocionante hasta la lágrima en evocaciones tan poderosas como la del encuentro en Parla con la mujer y la hija de su amante o la de la noche de nieve en el hospital y la ambulancia. Que el sacrificio de la hija de Agamenón se convierta en el de una heroína suburbial es todo un acierto de Owen. Pero la forma en que María Hervás hace español, madrileño y vallecano (es decir, universal) a este personaje tiene el mérito de convertir el mito de Ifigenia en un drama airado contra los recortes de aquí. Pero, además de saber construir esta historia tan poderosa con la ayuda de una dirección sobria y ajustadísima de Antonio C. Guijosa, María Hervás ha hecho lo más difícil: ser la Ifi, ese personaje fascinante que es capaz de meter miedo, enamorar o dar pena y que, además, lo sabe. Un personaje tan radical que no puede escapar de sus raíces. Pero que acabará negándose a lo que ellas le piden para aceptar por los demás un sacrificio que conmovería hasta a Eurípides. Así que, con formato muy íntimo, ha sido teatro muy grande el del monólogo de esta noche. Como el que nos viene deparando esta afinidad deliciosa entre espacios escénicos tan extraordinarios como los del Pavón Kamikaze y los nuestros. 
 

viernes, 16 de febrero de 2018

Crimen y telón

idea original y creación colectiva: Ron Lalá. Texto: Álvaro Tato. Dirección: Yayo Cáceres.
una producción de Ron Lalá.
con Juan Cañas, Íñigo Echevarría, Fran García, Miguel Magdalena y Daniel Rovalher.

16 de febrero de 2018. Teatro Palacio Valdés, Avilés. 90’ aprox.

En 2038 hace tiempo que todas las artes han sido prohibidas en Ciudad Tierra. En un escenario clandestino aparece (y luego desaparece) el cadáver del Teatro. El teniente Blanco, de la Agencia Anti Arte, deberá aclarar lo sucedido. También lo investiga el detective Noir, un antiguo adicto a la poesía que, para resolver el crimen, contactará en los bajos fondos con Comedio y Tragedio, los lugartenientes de ese arte aparentemente asesinado.

La especialidad de los ronlaleros no es solo actualizar el pasado para reivindicar magistralmente nuestro teatro. Con Siglo de Oro, siglo de ahora (Folía), En un lugar del Quijote y Cervantina nos convirtieron en devotos de su alegría, ironía, humor y velocidad (y también de su música). Pero ahora los fieles de esta religión escénica con voluntad ecuménica hemos sido invitados a una descacharrante ceremonia prospectiva con aires de género negro en la que somos partícipes de la investigación sobre un crimen que se está forjando en este presente extraño en el que el poder parece empeñado en acabar con el teatro pero el teatro (por ejemplo esta noche) se muestra más poderoso que nunca. Con un programa de mano que no tiene desperdicio nos preparamos para esta hora y media impagable que demuestra una vez más que es posible dar que pensar y hacer reir al mismo tiempo. El ritmo de los ronlaleros es trepidante, su lenguaje intencionado, su recorrido por el espacio teatral exhaustivo y su repaso histórico vertiginoso y completo. Así  que no es difícil que uno pierda de vista los hechos de esta investigación detectivesca que se remonta con Edipo a los orígenes de un arte que no reconoce padre ni madre y que llega hasta las vanguardias metateatrales que se miran el ombligo desde el escenario. Para que no nos perdamos, el detective Noir abre y cierra notas de voz que luego repasa (como en aquellos inolvidables "abro paréntesis, cierro paréntesis" de Siglo de Oro, siglo de ahora) haciendo que, aunque las partes ya componen un conjunto magnífico que nos mantiene hipnotizados, tengamos claro qué pretenden los textos y subtextos de este todo teatral omniabarcante. A la salida uno se siente orgulloso de vivir en una de esas ciudades que valoran y llenan sus teatros porque saben que en ellos se oficia ese arte total en el que se hermanan la poesía y la lucidez. Desde luego, los de Ron Lalá son maestros en conseguirlo. No sé lo que pasará con el teatro en 2038, pero en despertar la reflexión hilarante este siglo ha empezado siendo ronlalero.

lunes, 12 de febrero de 2018

Latente

dirección: Paula Quintana. Texto: Carlos Pedrós. Música: J. A. Simarro.
con Paula Quintana

12 de febrero de 2018. El Pavón Teatro Kamikaze (ambigú), Madrid. 60’ aprox.

Una chica trae un paquete para Paula Quintana. Nos pregunta por ella pero parece que no está. Así que mientras la espera vemos lo que hace. Baila, habla, quizá sueña... Es una mujer joven que siempre hace lo que debe y no quiere ser astronauta. 

Una expresión corporal superlativa con taconeos medio flamencos y gestos de danza contemporánea. Un texto enigmático y cautivador en el que resuenan letanías y frases hechas de la gente mas normal. Y una expresividad magnética de esta Paula Quintana que sí ha venido esta tarde (¡vaya si ha venido) y que uno quisiera que no se fuera nunca de este escenario de recursos mínimos y proximidad máxima. Quiero que vuelva a bailar, que vuelva a pronunciar palabras irónicamente desveladoras y subyugantes, que vuelva a moverse como nadie por este escenario íntimo del ambigú superior del Pavón Kamikaze. Lo pienso mientras la estoy viendo y deseo que no acabe nunca esta hora perfecta y cautivadora. Y lo pienso después de salir de este querido teatro en el que hoy hemos podido disfrutar tanto con el originalísimo e impecable trabajo de esta actriz, bailaora, bailarina y medio poeta escénica que se llama Paula Quintana.

domingo, 11 de febrero de 2018

El ángel exterminador

de Luis Buñuel. Versión: Fernando Sansegundo. Dirección: Blanca Portillo.
una producción del Teatro Español.
con Hugo Alcaide, Juan Calot, Inma Cuevas, Abdelatif Hwidar  Ramón Ibarra,  Alberto Jiménez, Juanma Lara, Víctor Massán, Anabel Maurín, Manuel Moya, Dani Muriel, Alfredo Noval, Alex O'Dogherty, Francesca Piñon, Cristina Plazas, Camilo Rodriguez, Irene Rouco, Mar Sodupe, Mª Alfonsa Rosso y Raquel Varela

11 de febrero de 2018. Teatro Español, Madrid. 120’ aprox.

Tras un concierto un grupo de invitados celebrará una fiesta en casa de un matrimonio que lo ha preparado todo para recibirlos. Extrañamente los camareros se van antes de que lleguen. Luego nadie será capaz de salir de allí.

La teatralidad de la inquietante película de Buñuel me parece evidente y Blanca Portillo la aprovecha con una propuesta muy notable en la que se subraya la separación de la cuarta pared no solo con esa linea de cristales que los invitados no pueden traspasar sino con la presencia de algunos personajes exteriores en el patio de butacas (casi a nuestro lado se han desmontado cuatro de ellas para dejar espacio a dos sillas en las que una Penélope muy bien traída teje a la espera de que la cosa se resuelva). El epílogo que convierte el teatro en iglesia es también impresionante. Así que con sus veinte actores y una escenografía poderosa la historia sobradamente conocida de Buñuel no nos defrauda en esta actualización teatral a la que solo le pondría dos peros: una mejor definición de los perfiles de los personajes y algunos problemas en la acústica por esa amplificación que intenta compensar el aislamiento que generan los cristales que nos separan en parte de su espacio escénico.


sábado, 10 de febrero de 2018

Voltaire/Reusseau. La disputa

de Jean-François Prévand. Dramaturgia y dirección: Josep María Flotats.
coproducción del Centro Dramatico Nacional y Taller 75.
con Josep María Flotats y Pere Ponce.

10 de febrero de 2018. Teatro María Guerrero, Madrid. 90’ aprox.

Rousseau visita a Voltaire muy enfadado por un texto anónimo en el que se le ridiculiza. El anfitrión intenta hacerle ver que probablemente se lo tiene merecido.

Voltaire, Rousseau, Flotats y Ponce en el María Guerrero. De un cuarteto así y en un lugar con este solo cabría esperar lo mejor. Pero con un texto como el de Jean-François Prévand no hay nada que hacer. Se nos presenta a un Voltaire que juega en casa y del que se nos presupone partidarios frente a un Rousseau imbécil del que debemos asumir que ha sido sobrevalorado por la historia. Así que el encuentro no parece el de dos pensadores notables interpretados por dos actores solventes sino que se me antoja como los de esas comedias llenas de resortes en las que el público se ríe con la condescendencia del anfitrión y la torpeza del recién llegado. Pero Flotats no es Arturo Fernández y el Centro Dramático Nacional no es uno de esos teatros privados en los que la gente piensa poco y se ríe mucho. Qué le vamos a hacer. Al menos esta tarde hemos visto una buena película sobre Marx.

sábado, 20 de enero de 2018

Interrupted

Dirección: Andrea Jiménez y Noemí Rodríguez.
Creación original: Fiona Clift, Andrea Jiménez, Noemí Rodríguez y Blanca Solé.
Co-creadoras: Ariana Cárdenas, Philipa Hambley, Roisin O’Mahony y Esther Ramos.
Producción: Teatro en vilo.
con Andrea Jiménez, Noemí Rodríguez, Ariana Cárdenas y Esther Ramos

20 de enero de 2018. Centro Niemeyer (Club), Avilés. 70’ aprox. Ciclo Off-Niemeyer
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Desde que suena el despertador hasta que vuelve a casa, la vida de Anabel es muy intensa. Tanto que siempre parece a punto de estrellarse. Y acabará haciéndolo cuando el perfecto control con que lo maneja todo se vea interrumpido por fenómenos extraños en el mundo que la rodea o por la percepción que ella tiene de ese mundo. Las cosas se le van poniendo cada vez más difíciles a esta heroína de oficina hasta que finalmente todo se interrumpe para ella.

Una maravillosa fábula sobre el estrés contemporáneo en versión femenina. Pero, aunque fuera otro el tema y no nos hiciera reír, el equipo artístico que ha tramado esta joya ha hallado un nuevo modo de expresión escénica que es al teatro lo que la animación es al cine. La descomunal intensidad interpretativa de la actriz protagonista se ve arropada por la de esas otras tres actrices que son capaces de destilar y extremar los rasgos de los seres de oficina, vecindario o restaurante hasta el punto de que dejemos de verlas a ellas para quedar absortos ante los perfiles (hiper/sur)realistas de los personajes caricaturizados. Pero estas cuatro ilusionistas de la escena no solo dan vida a muchos personajes. También a la propia escenografía porque ante nosotros arman viajes en el interior de un coche, descensos en un ascensor, noches en una cama y tantas otras situaciones en las que nos resulta dificil distinguir qué son objetos reales y qué son ideas dibujadas en nuestra mente por estas jóvenes magas de la ilusión transparente. La protagonista es pues una marioneta de las estresantes tensiones de la vida contemporánea que parecen manejadas por tres duendes que juegan a crearle ilusiones desconcertantes. Como ella, también nos sentimos marionetas de esta ilusión teatral, a veces hilarante, con la que estas cuatro reinas del gesto y el carácter han descubierto a cuerpo limpio ante nosotros un nuevo continente escénico: el del teatro animado.

viernes, 19 de enero de 2018

Juguetes rotos

dramaturgia y dirección: Carolina Román.
una producción de Producciones Rokamboleskas.
con Nacho Guerreros y Kike Guaza.

19 de enero de 2018. Teatro Palacio Valdés, Avilés. 90’ aprox. Estreno absoluto.

Mario se hace cargo del funeral de alguien querido. Es el punto final de una historia que comenzó con una infancia sufrida en un pueblo aragonés. En aquel entorno agobiante todos tenían muy claro en qué consistía ser un hombre. Mario no. Así que fue en Barcelona donde aprendió a vivir sin culpas su propia identidad.

En construcción y Adentro son las dos magníficas obras de Carolina Román que hemos visto en Avilés. Igual que estos Juguetes rotos, que hoy se ha estrenado aquí, aquellas dos historias nos mostraban interiores familiares con personajes tiernos y dolientes por los que resultaba imposible no sentir compasión. Los instantes evocados por este Mario (o Marión) componen un viaje a esa España de los sesenta y setenta en la que la intolerancia y la falta de libertad las sufrían especialmente algunas minorías. Carolina Román nos lo recuerda con un texto que resucita los lenguajes de un mundo en el que diciendo invertido se describía y despreciaba a la vez. Y también los ademanes y los gestos propios de un tiempo no tan lejano que hoy parece olvidado. Nacho Guerreros y Kike Guaza están soberbios con unos registros interpretativos que van desde la masculinidad de bellota hasta aquella otra que tenía en el Paralelo su espacio protegido. Dos actores impecables que han conseguido multiplicar y diversificar las presencias masculinas hasta hacernos intuir a esos otros seres que, desde el fuera de campo, también se hacen muy presentes en esta obra. Carolina Román ha querido llenar el escenario de jaulas (un objeto que también era importante en Adentro) que Mario abre y cierra parar guardar o sacar prendas, liberar palomas imaginarias, hacer confesiones telefónicas o encender y apagar luces que iluminan u ocultan su forma de vivir. Él es un personaje tierno (también lo es su amiga y guía travesti) que, como otros de la autora, están hechos con una bondad vulnerable que conmueve al espectador. La temática LGTB de la obra la hacía propicia para los tópicos y las miradas complacientes desde un presente en el que se ha puesto de moda ensanchar la corrección política. Pero Juguetes rotos es más que un Florido pensil de las masculinidades pretéritas. Es un acercamiento a los lenguajes y las formas de aquella España bronca que no debemos olvidar.

sábado, 23 de diciembre de 2017

La ternura

texto y dirección: Alfredo Sanzol.
una producción de Teatro de la Ciudad. Coproduce Teatro de La Abadía
con Paco Déniz, Elena González, Natalia Hernández, Javier Lara, Juan Antonio Lumbreras y Eva Trancón.

23 de diciembre de 2017. Teatro Rosalía de Castro, La Coruña. 125’ aprox.

Felipe II ha decidido enviar a Inglaterra a las hijas de la reina esmeralda para casarlas con dos nobles. Ella odia a los hombres así que usa sus poderes mágicos para provocar una tormenta que las llevará a una isla desierta en la que podrán vivir felices lejos de ellos. Sin embargo, en la isla vive un leñador misógino que también quería evitar a sus hijos cualquier contacto con las mujeres.

Despedimos este año de teatro en esta escapada corta a La Coruña en la que hemos tenido la suerte de coincidir con esta obra de la que tanto bueno se ha dicho. La ternura tiene un título que casi resume una de las características que comparten las fascinantes obras que he visto de Sanzol (Días estupendos, En la Luna, Aventura, La calma mágica y La respiración). Aunque hay una confesada inspiración shakespeariana, La ternura es mucho más (y mucho mejor) que una recreación de comedias clásicas desde la fértil y singular mirada de un autor contemporáneo. Es una apuesta maravillosamente lúdica y original por conciliar una comedia tierna con una reflexión hilarante sobre las variantes del amor (hetero, homo, paterno, filial y hasta renegado). Una apuesta virtuosa en la construcción de un texto que consigue que no perdamos el interés ni un segundo y que requiere unos actores extraordinariamente conjuntados para mantener estas dos horas de alegría radicalmente contagiosa con momentos tan increíbles como el del intercambio de personajes o la desternillante locura amorosa del tramo final. Con una escenografía mínima, un uso magnífico del color en el vestuario (y en los nombres de los personajes) y unas interpretaciones superlativas, este regalo de Alfredo Sanzol ha sido la mejor manera de despedir un año en el que tanto bueno hemos visto en el teatro.